La Educación: un hecho político
La Educación es un hecho político. Es reflexionar sobre lo que hacemos cotidianamente. Tiene por detrás un sustento eminentemente político, que en un momento como el actual en que la política está en crisis en la Argentina, es fundamental reconocerla como tal. Y esto es así porque necesitamos revisar algunos supuestos y teorías que subyacen, para asumir un compromiso que nos permita vivir como nos merecemos como sociedad, y como personas, es decir dignamente.
La primera afirmación que realizaremos es que la educación no es una política social, una realidad que atiende comedores escolares, plan de jefes y jefas de hogar, planes asistenciales ..., y por consiguiente se la vincula como un gasto y no como una inversión.
Emilia Ferreyro, en su libro titulado “Pasado al presente del verbo leer y escribir” afirma: “...había una época en que no había analfabetos, y era una época en que leer y escribir era un oficio técnico de unos pocos que se llamaban escribas. Había otros sujetos que la sociedad determinaba que eran los que iban a saber leer y escribir; y leían y escribían para toda la sociedad ... sólo cuando la lectura y la escritura se convirtió en un elemento esencial para la integración de las personas, sólo cuando las sociedades se propusieron que todos supieran leer y escribir, pasa a ser… leer y escribir un hecho político. Porque aquellos que no acceden a la lectura y escritura quedan marginados de la sociedad”.
Y estos escritos tan prudentes y medulosos para su análisis, no hacen más que confirmar que la educación, es un hecho esencialmente político. Otra cuestión que se plantea, es cuando la tarea del docente como alfabetizador, era cosa de especialista, o cuando el saber es condición de ciudadanía, lo que sin dudas genera una preocupación para los educadores respecto a la democratización del saber, y refiere directamente a unas de las peleas más perversas en relación a la democratización política de la sociedad. Dicho en otros términos: quienes monopolizan el saber, son también quienes pueden monopolizar un conjunto de bienes en la sociedad. Quienes quedan marginados del saber, hoy en día quedan también marginados de un conjunto de bienes como la de poder integrarse a la sociedad en forma equitativa y comunitaria.
A modo de ejemplo podemos realizar un análisis cuantitativo: el 20% de los países del norte (los llamados también países del primer mundo) concentran el 80% de la población de la riqueza y a su vez concentran el 93% del avance científico – tecnológico; el 80% de la población que vive en los países del sur (los llamados países periféricos), concentran el 20% de la riqueza y sólo el 7% de la ciencia y tecnología que se produce en el mundo. Quiere decir que la concentración del saber está en manos de pocos, lo que se reproduce en un poder que se expande no sólo en lo económico, sino en lo cultural.
Una sociedad del conocimiento genera las condiciones en el mundo para quienes son los que rigen los destinos del resto de la humanidad. Y esto supone una cuestión central a tener en cuenta, porque como lo podemos analizar en el conjunto de la humanidad, también lo podemos analizar en particular, para el interior de cada una de las sociedades. Quienes concentran las riquezas en las sociedades, también concentran el saber. La democratización del saber es necesaria pero no suficiente para una mayor distribución de la riqueza. En un país, como el nuestro y otros de Latinoamérica, en donde el 50% de la población está por debajo de la línea de la pobreza, parece esencial para poder salir de la línea de la pobreza, generar las condiciones para que ese 50% tenga la posibilidad de tener aquellos saberes, aquellos conocimientos que les permita integrarse a la sociedad.
Y porqué entonces política de desarrollo, porqué es un hecho político y no solamente una política social la educación? Bueno, . . . porque es la única posibilidad de generar una estrategia de desarrollo, colocar a la educación como el elemento central del crecimiento del país.
Si solamente nos interesan las cuentas fiscales, si la humanidad y sociedades posmodernas se interesan sólo con el valor del dólar o euro, como un valor de desarrollo de esas comunidades, no hay salida posible. Nuestra preocupación e interés, como política de trabajo institucional y de Estado es y será la educación, elemento central como estrategia de desarrollo.
Cuando hablamos de educación, es bien interesante plantear el origen en la Argentina del Sistema Educativo, para lo cual nos tenemos que remontar al período de la Generación del ’80, cuando hubo que definir un modelo de país. ¿En qué lugar se colocó a la Educación? Fue ubicada como la estrategia, como la herramienta central para construcción de una nación, de un Estado. Cuando quisimos ser nación, estemos de acuerdo o no con el proyecto de país, la educación como hecho social y político fue la plataforma de lanzamiento para dicho proyecto, más allá que se adhiera o no a ese proyecto de país.
Pensemos nuevamente en la generación del ’80, pensemos una población muy heterogénea, pensemos en la cantidad de inmigrantes, las lenguas, los próceres que estos inmigrantes tenían como centrales en sus hogares, pensemos la diversidad geográfica y étnica de la Argentina con sus poblaciones aborígenes y pensemos que el instrumento que se definió como central para generar una idea de Nación para un país fue la educación; y más interesante aun pensando en que su pudo construir una Nación con un futuro común porque esa población no tenía un pasado común. La posibilidad de construir un proyecto estuvo dada fundamentalmente por la política educativa.
Segunda cuestión que es fundamental rescatar es que la posibilidad de acceder al mundo del trabajo, la de la continuidad de los estudios, la de acceder a la ciudadanía, hoy en día esta atada por la incorporación de un con junto de competencias, de un conjunto de valores que debieran conformar la plataforma básica para todo ser argentino.
En este sentido la responsabilidad política del Estado es ineludible. Si concebimos a la educación sólo como una política social, entonces estamos pensando en una escuela como contenedora, al servicio de un conjunto de planes sociales de programas asistenciales.
La escuela tiene que realizar esto sin lugar a dudas, tiene que prevenir la violencia, controlar los dramas familiares, asistir despiojando, ... tiene que hacer muchas cosas más; pero si permitimos que esta sea lo central de la escuela, abandonamos lo más importante en cuanto a la formación de valores en la formación de conocimientos. La crisis no puede arrastrar a la escuela al punto de confundirla socialmente con lo que le es propio, y su rol pedagógico es indelegable por mandato histórico, y por reclamos sociales impostergables.
Pensar la educación como política social, implica pensarla para hoy, para resolver la coyuntura. En cambio, pensarla como un desafío político, supone que la escuela dé las respuestas que necesitan los chicos hoy, pero también los prepare para el futuro.
Y cuando hablamos de futuro hablamos de un futuro de reindustrialización del país, un futuro de ciencia y tecnología, un futuro de crecimiento y de equidad social; pero los que hoy quedan al margen del conocimiento, ya no van a poder aprovechar ese futuro.
Por esto la estrategia de desarrollo, la llave para el acceso de saberes es la educación, y en este sentido los países que la han tomado en esta dirección han colocado a la inversión educativa, como prioridad de sus políticas de estado, permitiendo basar la competitividad internacional no en la superexplotación de la mano de obra, ni tampoco en la depredación de los medios naturales, sino en basar la competitividad en el trabajo a partir de la capacidad de su población.
Prof. Daniel Horacio Rivero
muy bien Rivero...
ResponderEliminarAhi lo leí con detenimiento..coincidimos plenamente en el concepto general
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